
Ante estas observaciones, mi amigo y compañero E. D. Cabrera, investigador y observador, correspondió compilando dos teorías sobre esta especie en su propia obra enciclopédica (no escrita aún) sobre seres innombrables.
Teoría 1: defiende la postura inclinada sobre el capó de un coche para adormecer y apaciguar un sobredimensionado estómago, cubierto de losas flácidas de carne. Su cuerpo necesita ese calorcito. Y miradas de gente, también necesita que la miren, como todo el mundo. Sabe perfectamente cuáles son los carros más calientes, los que llegan de largos viajes; abren la puerta, recogen el equipaje o lo que sea, y suben a sus casas. Vuelven a desaparecer.
Teoría dos: con reminiscencias al psicoanálisis, Elena la de los cuentos y otras teorías cercanas al asunto, basa su estudio en la matriz y en qué agustito se debería estar ahí dentro, añoranza de. Aunque no ha podido ser contrastada y aceptada unánimemente por la comunidad científica de la casa, se levantan varias voces a favor en el entorno académico del Oeste.
Estas teorías y conjeturas no esclarecen nada, eso está claro, pero esta obra tampoco pretende nada. Además no cuentan con la opinión de ella. Las críticas más audaces vienen de nuestra obra, la que tienen ahora entre sus pecaminosos pulgares oponibles. Ésta se refiere a la importancia de la observación participante y la necesidad vital de una entrevista cara a cara con la susodicha mujer. No sabemos hasta qué punto esto esclarecería algo, pero prometemos que en próximas ediciones publicaremos las conclusiones, cuando hagamos la jodida entrevista.
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(Ilustración Sergio del Rio)
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