Mi espalda calienta la mercancía, aquí no hay frontera y la aduana es la acera que se ve desde dentro del humo del bar extraño. Jefe y Secretario siempre ganan más por menos, ley básica en el negocio, siempre parecen más contentos con lo que les ha tocado, más altos, sonrientes a la clientela y yo a destajo, a la mierda con lo que nunca podré aguantar. Nunca sabré de la historia de Guk, parecida a la mía, o eso me dicen los universitarios que necesitan mercancía para pensar (Universia dixit). Solo hablaré entre dientes y veré pasar días iguales, a veces incluso puede que me den una sorpresa, me metan en el calabozo y salga con menos ganas de pagar la fianza, Jefe y Secretario no descuidan nada.
La autoridad no es mala del todo, y yo les agradezco el interés, como no podría ser de otra forma. Al fin y al cabo todo va a ser igual.

Y solo a veces un momento de lucidez, ahí va (y después una discusión, pues ya decían los antiguos iniciados que el conflicto es la base para toda buena historia):
Aparte de estas vicisitudes con la autoridad (la competente y la de que no), el aspecto referente a derechos laborales y relación con la patronal, muy mal, gracias. Sé de mi existencia fuera de mi puesto por lo que me cuentan; mis dos primeros clientes pueden bien ser la excusa para librarme de la primera bronca del día, ay, que sí que me roban! Que no, que te lo gastas en tragaperras y te fumas lo que tenías que haber vendido, que no vengas a mentir ven a trabajar. Y mi cabeza gacha acepta resignada amnesias y reprendas.
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(Ilustración D.Lorenzana)
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